Archive | febrero 2012

Año.XI, Nro.142 , febrero de 2012

Contenido

Experiencia – Marta Inés Morales

Gaviotas al ras del suelo. El sentido del momento. Alejandra Hoyos González Luna

Comentario del libro Psicología Espiritual de Elisabeth Lukas – Roberto González

El sentido de la vida – María Pinar Merino

Allí donde duermes – Ana María Rodríguez

Todo dolor trae consigo una enseñanza – Alicia y Gustavo Berti

Experiencia – Marta Inés Morales

Mi experiencia en renacer con motivo de cumplir 1 año de concurrencia a este grupo de ayuda mutua

La Utopía está en el horizonte.

Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos y el horizonte

se desplaza diez pasos más allá.

¿Entonces, para qué sirve la utopía?

Para eso: sirve para caminar

Eduardo Galeano de su amigo Fernando Birri

Se dice que la utopía es pensar en lo imposible para poder hacer lo posible.

Una utopía se sabe inalcanzable. Pero sirve para caminar, para hacer proyectos, para esforzarse, para luchar, para formular objetivos…

Asisto a RENACER grupo de ayuda mutua-, desde del 27 de setiembre de 2010, una semana después de la partida de mi hija Julieta, y deseo exponer mis reflexiones acerca de este grupo.

Durante el transcurso de este tiempo he podido ver que, si no entendemos que estamos recibiendo ayuda o no nos abrimos para recibirla, no podremos ser ayudados. La soga nos es lanzada y tenemos que tomarla para salir. A RENACER los padres junto con el dolor, la tristeza y la incertidumbre, traen anécdotas, experiencias, historias, ejemplos, relacionados con el hijo que partió y puedo asegurar que muchos de nosotros tomamos esas expresiones, esos relatos, para ayudarnos a seguir adelante.

En RENACER, interactuamos con padres que han pasado por idéntica situación. Todos sabemos de qué hablo. Al interactuar, percibimos que no somos los únicos que sufrimos la muerte de nuestros hijos y lo más importante: QUE NO ESTAMOS SOLOS, que ese otro que habla, que llora, que ríe o está callado será, a partir de nuestra llegada al grupo, nuestro compañero de ruta que ayudará y será ayudado, que nos mostrará cómo ir superando barreras que imaginábamos imposible de sortear, que colaborará en la recuperación de nuestra autoestima, y lo que es más importante creo yo- que nos acompañará en el camino de la superación del dolor. Todo esto quizá no vemos en las primeras reuniones a las que asistimos. En mi caso personal los comienzos fueron muy, muy difíciles, durísimos, pero seguí viniendo, y seguí y seguí aun cuando nada me entraba, nada entendía y todo lo que se decía lo olvidaba instantes después. Es que sobrevivir a la muerte de un hijo es algo para lo que no estamos preparados; la pérdida está tan fuera del guion original que acarrea un auténtico sismo emocional en nosotros, los padres. Estuve así meses, hasta que mi necesidad, mi deseo, mi meta de estar lo mejor posible como muchos de los que vi y recuerdo -en aquellos días- que reían y hacían bromas, empezaron a destaparme el alma y de esa manera poquito a poco estoy empezando tomar las riendas de la vida y a acoger el sosiego que necesito para intentar volver a ser yo.

Aquí siempre que se habla de muerte, de dolor, se contrapone la palabra amor; lo que no es fácil en los comienzos- de entender. Yo sólo sentía el lacerante dolor y no podía relacionar ambos términos, además no pensaba, solo éramos mi dolor y yo, pero he aquí que voy entendiendo gracias a la paciencia y buena disposición de mis compañeros- que nos duele porque amamos. El dolor está, pero en RENACER como por arte de birlibirloque- el dolor nos acerca y el amor de nuestros hijos nos une.

Para contrarrestar el terrible peso de nuestra pena, de nuestro dolor en cada acto, tarea, hecho, de nuestra vida, RENACER nos brinda la oportunidad de mejorar dándonos herramientas que de alguna manera impiden o al menos frenan la instalación de enfermedades físicas, psíquicas, emocionales para decirlo claro. Lo que no obsta, de ningún modo, la búsqueda de ayuda religiosa, o profesional como lo estoy haciendo yo, o de la compañía de familiares y de amigos, y, por qué no, de una laborterapia.

He visto que aquí no se revelan verdades ni se dan manuales de instrucción para superar la crisis: RENACER es un amigo de confianza que nos escucha con interés y delicadeza, es interlocutor de nuestro dolor, no nos da consejos, no nos juzga ni por lo que decimos ni por lo que sentimos, hace factible volvernos de nuevo hacia la vida y nos da la posibilidad de iniciar nuevas relaciones y, entre otras muchas cosas, aprender a comprender y aceptar la muerte como parte de la vida. Aunque en nuestra cultura esto es muy difícil pues en Occidente nos enseñan a “no pensar” en la muerte, por eso nos espanta tanto, porque no la aceptamos como parte de la vida.

RENACER significa la oportunidad de compartir con otros papás y mamás el amor incondicional que seguimos sintiendo por nuestros hijos y hacer, en su honor, algo bueno por nosotros y por alguien más. RENACER es la respuesta a una necesidad.

Cuando elegí asistir al grupo no sabía con qué me iba a encontrar. Pero sí intuía que sería un sitio del que saldría mejor de lo que estaba. Y mi intuición no falló, porque el objetivo del grupo que es brindar acompañamiento, comprensión y afecto a los padres y madres que no saben cómo seguir viviendo luego del hecho más devastador la pérdida de un hijo-, fue cumpliéndose hasta ahora, y aunque me falta bastante sentir que soy una mamá recuperada, puedo decir que aquí voy aprendiendo que el duro batallar de cada jornada es avanzar sin pausa hacia metas que conduzcan a una plena recuperación.

Retomando aquello que dije inicialmente La utopía es pensar en lo imposible para poder hacer lo posible digo que no es sinónimo de idealismo inalcanzable: RENACER es una búsqueda que no termina en lo que se encuentra, porque lo encontrado sirve para generar nuevos proyectos, aprendizajes, discernimientos, trascendencia humana.

Marta Inés Morales de Liberti RENACER TUCUMÁN ARGENTINA

Gaviotas al ras del suelo. El sentido del momento. Alejandra Hoyos González Luna

Estando en mi diplomado de logoterapia, terapia centrada en el sentido, empezaron a hablar de lo importante que es disfrutar cada momento, de estar en el ahora. Disfrutar el trabajo pero también el descanso; el alba y también una puesta de sol, disfrutar la naturaleza y el ajetreo de la ciudad, gozar de una buena taza de café y poder elegir una buena actitud frente al sufrimiento, que se nos presenta de manera inevitable.

Estamos tan ocupados pensando en el ayer y el mañana que el hoy se nos escurre entre los dedos sin que nos demos cuenta. Comenzamos el día de una manera mecánica, como si tuviéramos asegurada la vida para siempre. Nos vestimos, desayunamos (eso si nos da tiempo), y partimos a la escuela o al trabajo. Esperando que el día de mañana tengamos tiempo para disfrutar, para estar con los amigos, para hablar con nuestra familia; deseando haber podido aprovechar las oportunidades que se nos presentaron ayer y, que por estar ocupados, dejamos pasar. Viktor Frankl, el fundador de la logoterapia, supo vivir y disfrutar cada momento de su vida: los momentos de alegría y también los de profunda tristeza y desesperación. Tuve la oportunidad de leer una carta que escribió Frankl, poco tiempo después de salir del campo de concentración de Auschwitz, en la cual expresaba su desesperación y desgarradora tristeza por desconocer el paradero de sus familiares y amigos. No puedo imaginar el dolor que ha de haber experimentado, al no saber si estaba viva o muerta la gente que amaba.

¡Cuántas veces, no disfrutamos el momento por estar pensando en lo que sigue o en lo que fue! Y sin darnos cuenta, vamos cerrando oportunidades que se desvanecen al no ser atendidas. Hay que retornar a ese momento en la vida, la infancia, en la que nos asombrábamos de todo. De las gaviotas volando a ras de suelo, del tan-tan de las campanas, de las cochinillas que se hacen bolita, del cochecito o la muñeca que encontrábamos después de un tiempo de haber perdido, del abrazo de la abuela y la bomba de chicle reventada en los cachetes. Lo que hacíamos era vivir, disfrutar y tomar sumamente en serio al presente.

Viktor Frankl disfrutaba de una taza de café de igual manera que subir a la cima de una montaña o escribir un libro. Disfrutaba cada actividad y vivía intensamente en el presente. Como jóvenes, debemos aprender a aprovechar cada momento, aprender a asombrarnos de la naturaleza, de estar vivos. Porque el presente es nuestro, no el futuro como muchas veces se nos hace creer. Los jóvenes son el futuro de México. No. Los jóvenes, los niños, la gente de la tercera edad y los adultos: todos somos el presente de México, del mundo. Y es en el presente dónde se puede transformar el pasado y el futuro. Se puede dar una reinterpretación del pasado, verlo de una nueva manera y ver que el presente es el futuro en potencia.

A veces sólo valoramos lo que tenemos, cuando se nos presenta de manera inevitable, un sufrimiento. Tal vez esa es la razón, de esos momentos de dolor que nos vienen a sacudir nuestra vida, nuestro supuesto equilibrio. Son los momentos en los que más que nunca, surgen las preguntas y las dudas: ¿Quién soy? ¿Qué quiere la vida de mí? ¿Existe algo más allá de mis propios huesos? ¿Qué pasa con las lágrimas derramadas y el dolor en el corazón? ¿Dé donde viene la fuerza que me permite levantarme, un día más? ¿Existe un Dios? También, empiezan los por qué. ¿Por qué a mi está enfermedad incurable? ¿Por qué se muere mi hijo, mi papá, mi hermano? ¿Por qué está injusticia? ¿Por qué? La logoterapia, invita a transformar esos por qué en para qué. Invita a buscar un sentido, aún en el peor de los sufrimientos, en la peor de las injusticias. Como dice Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido: el valor no reside en el sufrimiento en si, sino en la actitud frente al sufrimiento, en nuestra actitud para soportar ese sufrimiento

La logoterapia: ya sea en la experiencia del arte, de la naturaleza, en el servicio o en el sufrimiento que se te presenta de una manera inevitable; busca que encuentres un sentido a tu existir, que hagas significativo cada momento de tu vida, que trasciendas tus propios pasos y dejes una huella única en la tierra. Te invita a qué te conviertas en una buscadora de sentido, de paraqués de las diferentes situaciones que se te presentan. Porque el sentido no se inventa ni se imita, se descubre.

Por eso, es importante tener momentos de silencio, de tranquilidad, de escucha; pero al mismo, tiempo es importante tener encuentros con el otro, disfrutar y gozar del instante y no tener miedo a vivir diferentes experiencias. Los paraqués se encuentran en la medida en que te des a una persona, a una causa o una creación; te encuentras en el hacer, que a veces implica dejar de hacer.

Estás líneas son palabras escritas en un presente en movimiento, que se vuelven pasado casi de manera instantánea y serán leídas en un futuro, tal vez cercano, tal vez lejano. Yo disfruté escribiendo cada palabra, como si fuera un trazo de una pintura o un ingrediente en una receta de cocina. Espero que tú lector, disfrutes esta lectura, así como cada cosa que te rodea: el cielo (si se alcanza a ver desde dónde estás sentado), la música que tal vez se escucha a lo lejos, el silencio.

Comentario del libro Psicología Espiritual de Elisabeth Lukas – Roberto González

La psicología espiritual es una síntesis integradora del ser humano y su misión en este mundo.

Invita a descubrir las posibilidades de sentido que se ocultan en la vida concreta cotidiana. Más aún, es un impulso para adoptar y llevar a la práctica tales posibilidades y dar nueva vida a la esperanza

La logoterapia no puede dar respuestas teológicas, pero podrá tender un puente que permita detectar las respuestas que surgen de la espiritualidad, para ese propósito, cuenta con más herramientas que otros sistemas de psicoterapia

Logoterapia es cura de almas, pero una cura médica de almas; es psicología, pero psicología espiritual.

Dado que no hay sentido de vida sin libertad humana, la terapia no solo ha de contar con ésta, sino desatarla y fortalecerla en el interior del paciente para que elija al máximo de sus posibilidades

Nuestra alteridad ontológica expresa que solo la persona se cuestiona acerca del sentido y, a la vez, nunca logra obtener una respuesta exhaustiva

Oscila entre el tormento que significa el desconocimiento de su misión y la alegría de su realización; entre la nada y el contenido de sentido de su vida

Cuanto más hagamos de las experiencias el sentido de nuestras vidas, tanto mayor será el temor de que éstas no se produzcan.

El siglo XX exhibe un aumento en las alteraciones psíquicas mayor al crecimiento drástico de la población mundial.

El fenómeno debe atribuirse a 3 factores: la desintegración familiar, la ruptura de las tradiciones y la soledad propia de la sociedad de masas.

La logoterapia ofrece posibilidades de sanación mayores que las otras corrientes de psicología-psicoterapia, pues propende al mantenimiento del vínculo familiar

Se dirige tanto a personas sanas como enfermas, a preparar el terreno para que las personas encuentren sentido a sus vidas

Es fascinante imaginar la posibilidad de que el sentido último de la vida humana pueda consistir en progresar hacia el Amor

Hay personas cuya vida está dotada de un elevado potencial en benevolencia y un rico sistema de valores que les hará más fácil progresar hacia el Amor

El neurótico carece de cierta disposición para amar. Decir que carece de amor por habérsele privado de él sería simplificar en exceso las cosas

El hombre puede dar lo que no recibió; el ser humano no es una réplica ni una estación de paso, sino que puede generar lo que nunca le fue dado pues en su interior habita el espíritu que obra en forma creativa

Solo usted determina cuanta amabilidad y cuánto odio irradia su persona, cuestión aparte es si es razonable y correcto responder a un comportamiento hostil con cordialidad, ahí está la libertad magnifica, poderosa, independiente para decidir lo que usted irradiara

El ser humano debe aprender a superarse a si mismo mediante el amor, en lugar de temblar ante el temor de no ser amado. He aquí la fórmula para curar la neurosis:

Para que tus días se alarguen sobre la tierra:

En el fondo de nuestro ser se oculta un anhelo que es imposible de acallar que no puede referirse a otra cosa que no sea Dios Frankl.

El decálogo en versión logoterapéutica:

Mandamiento 1.- Mantendrás el vinculo con la trascendencia

Mandamiento 2.- Mantendrás tu receptividad para con los valores

Mandamiento 3.- Periódicamente harás una pausa para dialogar con tu conciencia

Mandamiento 4.- Perdonarás a tus padres los errores que cometieron contigo

Mandamiento 5.- Afirmarás incondicionalmente el sentido de la vida

Mandamiento 6.- Consentirás que tu propia satisfacción constituya el efecto secundario de un acto de Amor

Mandamiento 7.- No cargarás sobre tus espaldas ni tomarás posesión de lo que no está destinado a ti

Mandamiento 8.- No acrecentarás el sufrimiento entre las personas

Mandamiento 9.- Respetarás y mantendrás la unidad de la familia

Mandamiento 10.- No aspirarás a tener sino a ser

Relatos que curan:

No podemos prescribir un texto como si fuese un remedio, contando con determinados efectos previstos.

Es preciso que la persona se abra a él en un momento de receptividad particular para que ejerza su poder curativo.

Cuando se produce pueden suceder cosas sorprendentes, pues brotan manantiales de vida plena de sentido

La lectura pone en movimiento algo en el interior de la mente anquilosada

Eso explica la asombrosa comprobación de que los lectores asiduos tienden a ser personas más felices que los demás.

De seguro no lo serán por haber recibido menos golpes del destino, sino más bien porque la lectura continuada les ha enseñado a entretejer los contratiempos en su vida dándoles un sentido

Se transforma en auténtica portadora de esperanza

La felicidad puede encontrarse. Sabemos que no puede comprarse, ni producirse, menos aún forzarse. Se nos ofrece en un golpe de fortuna. Pero en su expresión más sutil también es hallable.

¿Dónde? En el espacio cotidiano que nos fue asignado y que ocupamos con constancia y sencillez, afirmando con risas y cantos, aquello para lo que hemos sido llamados

Salta, a pesar de tu miedo y tu ceguera; salta a los brazos de la confianza primordial.

El sentido de la vida – María Pinar Merino

Cada día nos damos cuenta más claramente de que el único modo de sobrevivir es aumentar nuestra capacidad de adaptación, fomentar nuestra flexibilidad y potenciar la disposición al cambio.

Y todo ello porque en los últimos años nuestra vida se ha ido haciendo más y más compleja. Nadie puede negar que el progreso nos ha traído mayor comodidad pero eso ha dado como consecuencia que el tiempo que hemos ganado lo empleemos en enredarnos en mil y una actividades, muchas veces antagónicas y otras casi absurdas. La psicosis por llenar nuestra vida de “contenidos apasionantes” puede hacernos perder el norte.

La mayoría tenemos más libros de los que podemos leer, más cosas de las que podemos usar, más estímulos de los que podemos absorber, más actividad de la que podemos desarrollar, más trabajo del que podemos realizar o más compromisos de los que podemos atender.

Normalmente, cuando tenemos la atención dispersa entre tantos focos se genera, más tarde o más temprano, una sensación de desconexión, de incoherencia, de descontrol. Los síntomas son múltiples: depresión, angustia, estrés, desubicación… y todo un abanico de problemas emocionales y psicológicos que acechan a nuestra sociedad civilizada. En buena medida eso se produce por el tremendo desequilibrio existente entre lo que vivimos y lo que “realmente” necesitamos. Así, la mayoría de nuestras actividades están enfocadas a la búsqueda en el exterior y, en cambio, hemos abandonado todas aquellas que supondrían un alimento equilibrador para nuestra psique emocional.

No adecuamos nuestro ritmo al de la naturaleza, ni adaptamos nuestra alimentación a los productos propios de la temporada en la que estamos, ni programamos nuestras actividades en función de los ciclos naturales. Es como si la carrera de la superproducción que prima en el mundo llamado civilizado nos hubiese “pillado” también a nosotros.

Porque incluso aquellas actividades que podrían ser gratificantes, como estar con los amigos, viajar, las vacaciones, los hobbies, etc., tienen un carácter de urgencia, de premura porque hay poco tiempo y hay que aprovecharlo bien. Y todo ello nos impide disfrutarlas realmente.

¿Quién no se ha sorprendido pensando en lo que tiene que hacer más tarde sin prestar atención a lo que está haciendo en ese momento? ¿Cuántas veces respondemos a lo que tenemos en la cabeza -proyectada hacia el futuro- sin escuchar lo que nos están diciendo en ese instante? ¿Cuántas oímos decir eso de “Perdona, estaba pensando en otra cosa”?

Cada vez se hace más necesario parar ese ritmo ajetreado en el que nos hemos subido y buscar momentos de soledad para poder hacernos preguntas que nos sitúen realmente: ¿estoy haciendo lo que quiero?, ¿qué necesito?, ¿qué me falta?, ¿qué echo de menos?, ¿me siento bien con lo que hago?, ¿me siento bien con mi forma de ser?, ¿qué me gustaría cambiar?, ¿qué querría conseguir?, ¿cuáles son mis objetivos más cercanos?, ¿y después?, ¿me siento útil para mi entorno?, ¿soy feliz?, ¿en qué o con quién me siento comprometido?, ¿tengo paz interior?, ¿estoy haciendo todo lo que quiero hacer?, ¿estoy siendo la persona que quiero ser?, ¿comparto mi verdadero yo con alguien? Tal vez nos haga falta también ser conscientes de las cosas que hemos ido dejando en el camino porque había otras prioridades y preguntarnos qué nos ha pasado.

Seguramente, al hacernos esas preguntas tendremos que echar mano de nuestra escala de valores y ser conscientes de lo que pensamos sobre los grandes temas de la vida: el amor, el trabajo, la familia, la sociedad, las etapas de la vida, la enfermedad, la muerte, la trascendencia… y cualquier otra cosa que consideremos esencial.

Todo ello para acercarnos a la gran pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida?

Cada uno de nosotros debemos encontrar nuestra propia respuesta y observar si en esa carrera en la que estamos enfrascados no estamos persiguiendo cosas equivocadas, cosas que tal vez la cultura imperante nos ha vendido como ejemplos a seguir.

Intentar ser más consciente es como despertar de un sueño y, con los ojos abiertos, ver si estamos haciendo realmente lo que queremos y, si no es así, descubrir el precio que estamos pagando por ello. Incluso después podemos decidir seguir haciéndolo pero ya sin engaños, sabiendo a lo que hemos tenido que renunciar.

En la mayoría de las ocasiones estas preguntas surgen como consecuencia de una crisis: la pérdida de la salud, de la seguridad económica, del poder que ostentamos, de un fracaso afectivo, tener que afrontar la muerte… Pero, ¿por qué hay que esperar a que suceda algo así para hacerlo?

Los seres humanos tendemos a “cultivar” apenas algunas de nuestras facultades y, sin embargo, contamos con muchas más capacidades: la de apreciar la música, el baile, la poesía, el dibujo o la pintura, la de escribir, interpretar, recitar, mantener una buena conversación, leer, soñar despierto, dejar volar la imaginación, crear a partir de lo que ves o de lo que intuyes, llorar, reír, relacionarse con los demás, aprender una filosofía propia de vida… Contamos, además, con el sentido del humor, el afecto, la ternura, la meditación, el silencio, la riqueza de las emociones… Y, aunque es más difícil, tenemos la facultad de abrir el corazón, la oportunidad de mostrar el alma a los demás.

Esas son algunas de las cosas que podrían hacernos sentir bien en el terreno individual. Después habría que involucrarse en algo que mejorara nuestro entorno, que nos permitiera sentirnos útiles para la comunidad en que vivimos. El espíritu de servicio es algo innato en los seres humanos y ese impulso siempre busca la forma de manifestarse en el exterior pero nosotros debemos dejarle el camino libre.

Así pues, podríamos decir que los dos grandes pilares en los que nos asentamos serían el amor y el servicio. Ambos apoyos satisfarían dos de las tres necesidades del ser humano: el amor cubriría la necesidad afectiva, el servicio lo haría con la necesidad de inclusión, de sentirse parte activa de la comunidad, y quedaría por cubrir la necesidad de saber a qué se está jugando, de qué va esta aventura que es la vida. Podríamos llamarla necesidad de control y nos abriría la puerta del mundo trascendente en el que cada cuál puede colocar sus creencias espirituales.

Allí donde duermes – Ana María Rodríguez

Allí donde duermes

tus sueños eternos,

rodeado de verdes,

pájaros , árboles, flores

Ahí llego siempre

con mis manos trémulas,

llevando colores

de fresias, lavandas y rosas,

para que ellas perfumen tu espacio.

Y sepas que mamá ha llegado.

Me siento en el banco,

y miro tu nombre, que siempre recuerda

que estás descansando.

Te hablo, te cuento mil cosas distintas,

esperando siempre que el eco de mi voz

te alcance a lo lejos.

Casi siempre lloro,

sintiendo tu ausencia.

Pero me repongo, porque se

que estás conmigo,

aquí dentro, en mi corazón.

Que nunca te irás, nunca para siempre.

Porque tu recuerdo es tan fuerte

tan vívido, tan cercano y dulce

que puedo abrazarte y llevarte conmigo.

Entonces, despacio, me inclino en tu verde

Y te dejo un beso, esperando te llegue..

Y me voy sabiendo que nunca estás solo.

Allá dónde moras.

¡Papá y los abuelos están ya contigo!!!!!

Y aquí, en la tierra,

Tú, ¡Tú siempre, siempre, vienes conmigo ¡

MAMÁ

Todo dolor trae consigo una enseñanza – Alicia y Gustavo Berti

Ante la partida de un hijo, a quien difícilmente estaremos preparados para despedir, el dolor es demasiado intenso, desconocido; pareciera que la vida no debería continuar y que el tiempo, en su eterno fluir, se hubiera detenido en un punto en el espacio, un punto de total incredulidad e irrealidad.

Nadie sabe qué decirnos; todos escapan ante una realidad que no conocen, que siempre han ignorado, que no saben manejar.

No puede ser, nos repetimos una y mil veces y, sin embargo, es; y debemos seguir viviendo; pero ¿cómo?, nos preguntamos una y otra vez.

El texto completo en nuestra página Renacer en Internet.