Archive | diciembre 2011

Año.XI, Nro.140 , Diciembre de 2011

Elegir la vida – Florencia

Ahora eres parte de mí. – Mauricio Meza

Sufrir o aceptar la pérdida – Pedro Alcalá Caparroz

Las etapas – Paulo Coelho

Hoy elijo – Lissy Avenali

Aporte de Renacer Barcelona

El duelo, como vivirlo, como sobrellevarlo – Anji Carmelo

 

"Lo que resiste, persiste. Lo que se acepta, se transforma.” (Máxima budista)
Hasta la próxima!!

Año.XI, Nro.140 , Diciembre de 2011

Elegir la vida – Florencia

Ahora eres parte de mí. – Mauricio Meza

Sufrir o aceptar la pérdida – Pedro Alcalá Caparroz

Las etapas – Paulo Coelho

Hoy elijo – Lissy Avenali

Aporte de Renacer Barcelona

El duelo, como vivirlo, como sobrellevarlo – Anji Carmelo

“Lo que resiste, persiste. Lo que se acepta, se transforma.” (Máxima budista)
Hasta la próxima!!

Elegir la vida – Florencia

Comprendo y respeto los mensajes de dolor de todos. Pero elijo vivir de otra manera. Se puede seguir viviendo después de la muerte de un hijo con alegría. Entiendo que debe pasar un tiempo y ganar en sabiduría. Entiendo a esa madre que recuerda con dolor a su hijo, mucho, porque pasé esa etapa. Pero ahora tome otra elección o hice otro proceso, me costó 3 años.

No quiero tomar a mi hija como un ángel, eso seria llenarla de responsabilidad de satisfacer mis deseos y de estar siempre pendiente de mi, y no quiero eso para mi hija, sería muy egoísta, quiero que esté en paz y no esclavizarla a cuidarme. Elijo soltarla y saber que está bien esté donde esté.

Y repito algo que ya dije, es nuestra obligación como padres, a los que tenemos otro hijo con vida estar bien. El hijo vivo necesita saber que nos importa y que su vida vale tanto como la que se fue. Y que ellos también pueden darnos felicidad. A mi hija la llevo conmigo donde vayasolo no puedo ver su cuerpo. Yo no sería quien soy, si ella no hubiera pasado por mi vida. Ella construyó mi personalidad, junto a todas las personas que amo y pasan y pasaron por mi vida. Ella está en mi, en cada pensamiento, expresión, opinión, sentimiento. Porque ella forjó mi ser. Puedo ser feliz.

Florencia

Ahora eres parte de mí. – Mauricio Meza

Yo solía ser parte de ti, una extensión de tu vida.

Era quien te sostenía, quien te acompañaba.

Fui quien te recogió cuando te caíste, quien secó la lagrima que derramaste.

Mis palabras fueron las que imitaste, mis gustos los que modelaste.

Antes, yo era parte de ti.

Yo solía ser una parte de ti, una extensión de tu vida.

Fui quien con orgullo animaba tu juego, quien con entusiasmo gritaba tu gol.

Era yo quien disfrutaba de tus sonrisas, quien te protegía de todo peligro.

Mis manos estaban cerca de ti, mis brazos, los considerabas extensión de los tuyos.

Antes, yo era parte de ti.

De pronto vino una tremenda separación, una división en nuestros seres.

Dolor, llanto, sentido no encontraba, la muerte siempre llega cuando menos se espera.

Yo era parte de ti, pero de repente tú ya no estabas.

¿Ahora de qué soy parte? ¿Tú dónde estás? ¿Cuál es ahora mi sentido?

¿Es este dolor capaz de ser soportado, o es dolor mortal?

La vida es como un suspiro, los días como sombras desaparecen.

Vamos y venimos como la hierba, que de mañana florece y de noche desaparece.

Parte de la tierra somos, y a la tierra volvemos.

Ya no soy parte de ti, ahora tú eres parte de mí.

Tú vives en mí, tu chispa es mi chispa.

Has hecho una versión mejorada de mí, tu ser entró a mi ser.

Tu sonrisa es parte de mi sonrisa, tus gustos y virtudes han llenado mi vida de sentido.

La melodía que en tu vida cantaste, es la melodía que mis oídos siguen, la melodía de mi vida.

Ya no soy parte de ti, pero tú jamás dejaras de ser parte de mí.

Alzo mis ojos a las montañas y encuentro la luz.

Aunque tres veranos han pasado, pueden pasar miles, lluvia tras lluvia, tormenta tras tormenta. Ahora eres parte de mí.

Hay dolor, pero. ¿de dónde viene mi ayuda? Mi ayuda viene de la luz, mi pie no tropieza, y si caigo, así como una vez yo te sostuve, seré sostenido.

Una vez mis brazos eran una extensión de los tuyos, ahora tu vida me inspira, me trae a la luz.

Tú eres parte de mí, y eso será mientras mis ojos se abran, mientras mis días tengan suspiro.

La división se ha juntado, la separación ha se ha reunido.

Porque si antes yo vivía en ti, ahora tú vives en mí.

Mauricio, papa de Rafa, a 3 años de tu yahrzeit.

En memoria de Rafael Meza Z´L´

Marzo de 2011

Sufrir o aceptar la pérdida – Pedro Alcalá Caparroz

Una de las premisas básicas para la elaboración del duelo, coinciden los terapeutas, es que estamos naturalmente preparados para elaborar un duelo sano y superar la pérdida de un ser querido. Que estamos biológicamente equipados para hacerlo. Que lo natural, por tanto, es que con tiempo, determinación y esfuerzo por nuestra parte, acabemos haciéndolo. Que aprendamos a vivir en una nueva normalidad, añado yo. Y digo nueva, porque para mí nada podrá negar ni cambiar nunca la realidad de que mi hijo Diego no está y que su ausencia me acompañará el resto de mi vida. Y hablo de normalidad porque sé que, poco a poco, recuperaré el espacio que el duelo robó a los aspectos más cotidianos y preciosos de mi vida.

Miro en retrospectiva y reconozco en mí esa predisposición instintiva de la que hablan los expertos: ya en los primeros días en que Diego no está, nace en mí un impulso profundo y persistente que me insta a progresar; que activa y estimula recursos interiores que me predisponen para la superación. Pero también afloran, y estos lo hacen en primer plano, implacables sentimientos de culpa motivados por la simple ocurrencia de querer avanzar: siento el deber ineludible de tener que pagar un tributo a la memoria de Diego a base de sufrimiento, y que no hacerlo así, sería traicionarlo. Predomina en mí, por consiguiente, una tenaz resistencia para aceptar su pérdida, que impregna y vela cualquier instinto de superación, y que ciertamente implica sufrimiento; un sufrimiento inútil y estéril que no conduce a nada. Salvo a quedar varado, no evolucionar y correr el riesgo de cronificar el duelo.

De aquí que para mí fuera crucial el instante aquel en el que me pregunté si acaso podía cambiar, por medio del sufrimiento, un ápice la realidad de que Diego no volverá jamás. Y la respuesta es: no, no puedo cambiar esa realidad en absoluto. Por mucho que la deteste, no puedo cambiarla; haga lo que haga.

Aceptar esta realidad y dejar de pelearme con ella, aunque no ha sido tarea fácil ni cosa de un día, ha facilitado que emerjan de mi interior aquellos recursos naturales de los que hablo al principio, facultándome para prosperar en mi recuperación; para aceptar el dolor como un compañero inevitable pero saludable en el viaje hacia la superación.

Recurro una vez más a Jorge Bucay para respaldar esta idea que para mí es vivencia. Dice Bucay que el dolor es fruto de la pérdida y que el sufrimiento, en cambio, nace de la resistencia a aceptar esa pérdida. Que cuanto más te resistes más sufres. Que el sufrimiento es una enfermiza manera de lealtad con los ausentes. Que hay que decidirse, en consecuencia, a aceptar; y no confundir honrar su recuerdo con sufrir.

Las etapas – Paulo Coelho

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la

vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse.

En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.

No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.

Suelte el resentimiento, el prender “su televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.

Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.

Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito!,nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero… cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

Paulo Coelho.

Hoy elijo – Lissy Avenali

Hoy elijo pensarte, radiante como siempre-

con tu cuerpo de Ángel o tal vez, el de un Hada-

cuidando aquellas flores que tenés en el Cielo

e imagino las rosas, mezcladas con lavandas

algún que otro jazmín y astromelias variadas.

Hoy elijo contarle a aquellos que te aman,

que tenés un jardín donde vos hacés magia

Cómo crecen tus flores y porqué tenés tantas.

Pero no te conformas

¡Son tantas las hectáreas,

en los campos del Cielo

y muy poca la gente

que te ayuda a sembrarlas!

Me pides que les diga,

que el jardín es bonito

Fragante, colorido.

Y que tus flores crecen, tan sólo,

cuando alguien en tu nombre,

se acuerda de quien sufre y le tiende su mano.

Entonces se produce nuevamente el milagro,

entre cantos y danzas

Un pequeño pimpollo,

emergeDe la nada.

Aporte de Renacer Barcelona

Este texto nos lo envió un padre del grupo y nos ha parecido que tiene herramientas y puntos de reflexión para los que atravesamos la adversidad de haber perdido hijo/s.

Esperamos que os sirva y ayude.

Un fuerte abrazo,

Renacer Barcelona

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos lo consideraban afortunado porque tenía un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero, un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida. Todos le decían: “¡Qué mala suerte has tenido!”. La respuesta del granjero fue un sencillo “puede ser”.

Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas.

Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: “puede ser”.

Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero ésta lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: “puede ser.

Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos, se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más éste, como podemos imaginar, contestó nuevamente: “puede ser”.

(Cuento de origen Chino)

Continuamos en esta ocasión hablando sobre la Resilencia, ese proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad.

A la hora de superar una situación significativamente adversa, habría que analizar tres niveles.

El primero es la adquisición de recursos internos ante estas situaciones, es decir, el estilo de vínculo que quedó impregnado en nuestra memoria desde niños, que nos constituyó como personas.

El segundo, es el significado que atribuimos a lo que nos sucede, es decir la interpretación subjetiva del suceso ocurrido.

Y el tercero tiene que ver con la disposición que se da alrededor de la persona, por nuestra familia y por la cultura, de acompañar, contener y ayudar a retomar un desarrollo resilente.

No es bueno olvidar las situaciones traumáticas, pero tampoco es bueno quedarnos pegados a ellas.

Si amputamos parte de nuestra historia, si reprimimos representaciones insoportables, corremos el riesgo de quedar sometidos y anclados en nuestro pasado. No obstante, pensar siempre en la herida, en el sufrimiento, es quedar como víctimas, prisioneros del ayer.

Es importante no olvidar, pero sí, hacer una elaboración de lo ocurrido, para así, saber qué hacer para que no se repita, y transmitir nuestra experiencia para que otros la aprovechen.

Desarrollar resilencia es un viaje personal. La gente no reacciona de la misma forma a eventos traumáticos y tensiones en su vida. Una estrategia para desarrollar resilencia que funciona para una persona, podría no funcionar para otra. Las personas usamos estrategias variadas.

Para escoger nuestra estrategia personal para desarrollar resilencia podríamos considerar algunas de las incluidas a continuación.

· Establecer relaciones. Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas. Aceptar la ayuda y el apoyo de las personas que nos quieren y nos escuchan, fortalece la resilencia. Ayudar a otros que nos necesitan, también puede sernos beneficioso.

· Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables. No podemos evitar que ocurran situaciones que producen mucha tensión, pero si podemos cambiar cómo las interpretamos y reaccionamos ante ellas. Tratemos de mirar más allá del presente y pensemos, que en el futuro, las cosas pueden mejorar.

· Aceptar que el cambio es parte de la vida. Es posible que como resultado de una situación adversa no nos sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no podemos cambiar nos puede ayudar a centrarnos en las que sí podemos modificar.

· Movernos hacia nuestras metas. Desarrollemos algunas metas realistas. Hagamos algo regularmente, (aunque nos parezca que es un logro pequeño), que nos permita movernos hacia nuestras metas. En vez de enfocarnos en tareas que parece que no podemos lograr, preguntémonos: ¿Qué cosa sé que puedo lograr hoy, que me ayuda a caminar en la dirección hacia la cual quiero ir?

· Llevar a cabo acciones decisivas. Actuemos en situaciones adversas lo mejor que podamos. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que desaparezcan.

· Busquemos oportunidades para descubrirnos a nosotros mismos. Las personas, muchas veces aprendemos algo sobre nosotros mismos y nos damos cuenta de que hemos crecido de algún modo, como resultado de nuestra lucha con la adversidad. Puede surgir como resultado, una mejora en nuestras relaciones, la sensación de mayor fuerza personal aún cuando nos sentimos vulnerables, la sensación de que la autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada o una mayor apreciación de la vida.

· Cultivar una visión positiva de nuestra propia persona. El desarrollar confianza en nuestras habilidades para resolver problemas y confiar en nuestros instintos, ayuda a construir la resilencia.

· Mantengamos las cosas en perspectiva. Aún cuando nos enfrentemos a sucesos dolorosos, tratemos de considerar la situación que nos causa tensión en un contexto más amplio y mantengamos una visión a largo plazo. Evitemos agrandar la situación fuera de proporción. No magnifiquemos lo negativo, seguro que hay puntos positivos en esa situación, aunque nos cueste percatarnos de ellos.

· Nunca perdamos la esperanza. Una visión optimista nos permite esperar que ocurran cosas buenas en nuestras vidas. Tratemos de visualizar lo que queremos, en vez de preocuparnos por lo que tememos.

· Cuidemos nuestra persona. Prestemos atención a sus nuestras propias necesidades y deseos. Interesémonos en actividades que disfrutemos y nos resultan relajantes. Hagamos ejercicio regularmente. El cuidar de nosotros, nos ayuda a mantener mente y su cuerpo listos para enfrentarse a las situaciones que requieren resilencia.

· Formas adicionales de fortalecer la resilencia nos podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos en relación a las situaciones difíciles o estresantes en su vida. La meditación y las prácticas espirituales ayudan a otras personas a establecer relaciones y restablecer la esperanza. La clave es identificar las formas que podrían ayudarnos como parte de nuestra estrategia personal para estimular la resilencia.

· Aprender del Pasado. Poner el foco de atención en nuestras experiencias pasadas y en nuestras fuentes de fortaleza personal, puede ayudarnos a identificar qué estrategias usamos para desarrollar resilencia y que funcionan en cada uno de nosotros. Las respuestas a las siguientes preguntas sobre nosotros mismos y las reacciones ante situaciones de la vida que nos retaron, puede descubrir cómo respondemos efectivamente a estas situaciones complicadas. Consideremos lo siguiente:¿Qué tipos de situaciones me han resultado más difíciles? ¿Cómo me han afectado dichas situaciones? Cuando me encuentro en tensión, ¿me ha sido de ayuda pensar en las personas importantes en mi vida? Cuando me enfrento a una experiencia difícil, ¿a quién he acudido para que me ayude? ¿Qué he aprendido sobre mi y mis interacciones con los demás durante momentos difíciles? ¿Me ha ayudado ofrecer apoyo a otras personas que están pasando por una experiencia similar? ¿He podido superar los obstáculos, y si es así, cómo? ¿Qué me ha ayudado a sentirme con más esperanza sobre el futuro?

· Mantenerse Flexible. La resilencia incluye mantener flexibilidad y balance en nuestra vida, mientras nos enfrentamos circunstancias difíciles y eventos traumáticos. Esto ocurre de diferentes formas, que incluyen: Permitirnos experimentar emociones fuertes y, además, reconocer cuando tenemos que evitarlas para poder seguir funcionando. Adelantarnos y ponernos en acción para lidiar con nuestros problemas. Enfrentarnos a las demandas del día a día, y además dar un paso atrás para descansar y llenarnos de energía nuevamente. Pasar tiempo con nuestros seres queridos para lograr su apoyo y estímulo, y también para cuidar de nuestra persona. Confiar en los demás y también confiar en nosotros mismos.

· Continuar nuestro camino. Para resumir varios de los puntos principales, pensemos en la resilencia como algo parecido a ir en una balsa río abajo. En un río, podemos encontrar rápidos, virajes, aguas lentas y áreas poco profundas. Como en la vida, los cambios que experimentamos nos afectan de forma diferente en el camino. Al viajar por el río, nos ayuda el conocerlo y las experiencias pasadas que hayamos tenido con él. Nuestro viaje debe guiarlo un plan, una estrategia. La perseverancia y la confianza en nuestra capacidad para evitar los peñones y otros obstáculos son importantes. Puede ganar valor y perspicacia al navegar con éxito en las aguas embravecidas. Las personas en quienes confiamos que nos acompañan en el viaje, pueden especialmente ayudarnos a enfrentarnos a los rápidos, las corrientes y otras dificultades del río. Podemos bajarnos de la balsa y descansar en la orilla del río. Sin embargo, para terminar nuestro viaje debemos volver a subir a la balsa y continuar.

Envía Bego

El duelo, como vivirlo, como sobrellevarlo – Anji Carmelo

Hay un renacimiento auténtico con todas las connotaciones de la palabra.

La superación viene del bienestar de saber que se es más fuerte que el dolor más inaguantable y de constatar que se ha podido con una situación de muerte total, la del ser querido y la propia, que parecía imposible de superar.

Se ha podido y esto significa que ya nunca nada será igual, aquello que había desmontado ha perdido su poder. La vida, entonces, se ve desde un presente crecido y desde una perspectiva que enriquece porque ofrece mil posibilidades que antes ni se soñaban.

El texto completo en nuestra página Renacer en Internet.