Testimonio

 

Una mamá nos cuenta:

Desde que yo me acuerdo, mi mamá nunca asistió a fiestas.

Después perdimos nuestro hijo, comenzamos a venir al Grupo e iniciamos el camino de la recuperación. Hace poco, conversando con mi madre, le pregunté:

-¿Quién murió en la familia siendo niño?

 Me miró sorprendida y me respondió:

 - Tu hermano murió cuando tenía siete años por una meningitis, vos tenías sólo cuatro años.

 Nunca se había conversado el tema, ni siquiera mencionado.

Pero resulta que ahora mi madre sí iba a las fiestas, después de vernos a mi esposo y a mí que lo hacíamos a pesar de haber perdido nuestro hijo.

¿Qué ocurrió?

 Cuando mi madre perdió su hijo, no se dio permiso para recuperar la alegría, no estaba bien, que una madre en esa situación pudiera reír o bailar. Cuando me pasó lo mismo, pudo entender al vernos recuperados, que no sólo no estaba mal sino que era bueno, para nosotros, para los demás y para la vida, y pudo asumir en plenitud los momentos de gozo que la vida le seguía deparando.

 Cuando actuamos, no sabemos hasta dónde llega la influencia de lo que hacemos. Nuestra recuperación, sin quererlo nosotros, benefició a mi madre que llevaba largos años por otro camino.

Escribe un comentario