Responsabilidad y culpabilidad – Carta a un padre

Anji Carmelo

 

 

Este tema surgió en los grupos de duelo aquí en Barcelona y quería compartirlo contigo por si acaso pudiera ayudar para que comprendas un poco más lo que te está ocurriendo. Lo he reescrito para centrarla más en tu experiencia.

El título es Responsabilidad y culpabilidad y la verdad es que no tienen nada que ver, ya que una verdadera responsabilidad exime de culpabilidades.

Existe otro tipo de responsabilidad que yo llamo injusta y es la que aparece después:

¿Qué significa responsabilidad?

La responsabilidad no es nada más que nuestra habilidad de responder, que no es estanca sino que crece con nosotros. No tenemos la misma que hace diez años ni tampoco como ayer.

Cuando sucede lo impensable y está en directa relación con algo que hemos hecho o dejado de hacer, vamos a exigirnos más allá de lo que somos capaces. Esto ocurre precisamente por nuestra crecida de consciencia y las nuevas capacidades pero no tiene nada que ver con el hecho en sí.

Si tenemos muy en cuenta esto dejaremos de exigirnos actuaciones imposibles en situaciones imposibles, ya que esa exigencia es la que genera culpabilidad.

Normalmente cuando respondemos de una forma específica es porque no teníamos más recursos, ni mayor conciencia. Cuando se trata de un accidente, está exigencia se multiplica, porque además sentimos que teníamos que haber tenido previsto todos los factores que entraron en juego. Incluso nos machacaremos por nuestra imposibilidad de retroceder y causar otros desenlaces.

Tú hablas de “fatal casualidad” y realmente este punto de vista va a potenciar aún más tu angustia, ya que vivirás el acontecimiento más grave e importante para ti, desde la casualidad, desde el azar. Es un razonamiento normal pero aún desespera más. No hay nada peor que sentirnos llevados sin más, víctimas de no se sabe qué. No quiero cambiar tu forma de ver las cosas, pero para tu propio bien, especialmente si te hace daño, poco a poco puedes cambiar tu visión a una menos castigadora para ti.

Muchos padres que han perdido un hijo por enfermedad explican que no saben cómo, pero el desenlace parecía estar dirigido para que ocurriera lo que de otra manera hubiese sido evitable. En estos casos no es cuestión de milésimas de segundo sino una larga serie de circunstancias que llevaron a lo que no tenía que suceder y que les ha proporcionado oportunidad para darse cuenta que lo evitable puede volverse inevitable y que no es culpa de nadie.

Vivimos nuestras vidas de la mejor forma que sabemos y muchas veces los resultados no están a la altura de nuestra acción y nuestras intenciones.

En tu caso, todos los factores eran óptimos, el coche, tu conocimiento del terreno y tu cuidado y aún así te responsabilizas injustamente. Pero aunque no hubiesen sido estas sino peores por descuido tuyo o circunstancias controlables por ti… aún así la culpa no sería tuya.

No te juzgues indebidamente, no juzgues lo que no estaba en tus manos como si tu pudieras controlarlo todo. La vida es tan inmensa que no creo que nadie incluso el más capaz pueda controlarla como quisiera.

Lo que ha pasado te ha proporcionado una ampliación de conciencia más allá de lo que podías imaginar. De la noche a la mañana tu perspectiva ha cambiado y posiblemente sientas emociones que antes no sentías ni sabías que tenías, veas cosas que antes no veías y te moverán y conmoverán situaciones que ni imaginabas existían. El hecho de que tu hija ya no esté cambiará incluso la forma en el que os hubieseis relacionado. Es normal y muy humano y quizá ya hayan nacido otras formas de hacer mejores, más cariñosas… Quizá estés poniendo en tela de juicio todas tus acciones pasadas como si fueras el juez más implacable. No lo hagas, no caigas en la tentación, deja que tu expansión de conciencia no te lleve a juzgar sino a comprender. Las expansiones de consciencia nos vuelven más sabios y no es de sabios poder con todo sino saber donde se encuentran sus límites.

Cuando intentamos comprendernos, la mayoría de las veces descubriremos que hicimos todo lo que en aquel momento humanamente podíamos. El problema es que nos exigimos ser dioses y descartamos nuestra capacidad de respuesta real como si se tratara de un defecto.

Se más generoso contigo, valora el amor que tenías por tu hija he intenta desde allí buscar el camino de tu alivio y consuelo. Nunca estamos a la altura de lo que nos exigimos especialmente cuando es para nuestros seres querido y aún más cuando ellos ya no están aquí.

No hay culpabilidad que valga en las relaciones de amor, sólo hay amor, sólo hay buena voluntad, sólo hay capacidades de respuesta reales. Tienes que ser justo y quizá comprendas porqué sigues aquí llevando el testigo que te entregó tu hija para que ella siga viviendo en y a través de ti.

 

1 comentario

  1. Patti dijo,

    Abril 6, 2008 en 3:17 am

    De todos modos me sigo sintiendo culpable en mi corazón.

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