Año.IX, Nro.94, febrero de 2008

· Contenido
1)El Amor maduro… (Confesión) – Juan Vladimir
2)Clemente - Cristián Warnken
3)Carta – Claudia Dobler
4)Oración indígena
5)Hijo – Elsa Bernales
6)Recordatoria
7)Soledad y Encuentro
8)Estas en mí. – María Lobos
9)Para visitar
10)Sobre el destino – Alicia y Gustavo Berti

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El Amor maduro… (Confesión) – Juan Vladimir

A lo largo de mi existencia YO siempre creí que te había amado Hijo mío…

· Creí que te había amado…porque estabas presente.

· Porque sin darme cuenta pensé que te poseía.

· Creí que te había amado…porque recibía mucho con solo verte.

· Y porque justificabas gran parte de mi vacío existencial y mi soledad.

· Creí que te había amado…porque me veía a mi mismo en ti.

· Creí que te había amado…porque eras mi hijo y era imposible el no hacerlo….

· Creí que te había amado…por muchas razones…

Pero hoy… realmente vacío y desnudo en mi interior…

Me propongo y decido que puedo amarte de verdad…

Amarte de otra forma más auténtica.

Amarte y continuar brindándote mi amor porque aun estoy en esta vida y estoy de pie frente a ella…

De pie…aunque mi corazón algunas veces flaquee…

De pie aunque algunas veces este cansado…

De pie aunque no crea ya en efímeras ilusiones…

Pero a pesar de todo y por todo ello decido amarte…

· Amarte…aunque no estés presente.

· Amarte aunque no te posea en apariencia.

· Amarte aunque no pueda oírte.

· Amarte aunque no pueda verte.

· Amarte sin esperar nada de ti.

· Amarte hijo/a porque soy conciente de tu regalo en mi vida a pesar de tu ausencia.

· Amarte porque ahora crezco concientemente a través de ti en mi interior.

· Amarte porque ahora más que nunca me he dado cuenta de que eres mi hijo para toda la Eternidad y que no me importa para poder amarte el que estés o no estés físicamente a mi lado.

· Amarte por todo y por mil cosas más que no se expresarte.

· Amarte hijo y darte la libertad en este instante para no encadenarte al absurdo de la posesión.

· Amarte dándome la libertad ahora mismo de vivir lo que se me presente y lo que decida vivir, liberándome de la culpa y del absurdo de reclamar lo imposible.

· Amarte Incondicionalmente Hijo, Amarte por Amor simplemente.

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Clemente - Cristián Warnken

Jueves 27 de Diciembre de 2007

Llora por ti tu jardín, que siempre insistías en llamar “mi jardín”. Llora el intruso gato blanco y negro, que merodeaba por las tardes y que tú llamabas mi gato amigo. Llora el cerro Manquehue, que veías desde la ventana de tu pieza. Llora la plaza de Almirante Acevedo, alrededor de la cual corrías una y otra vez, como un Forrest Gump de tres años. Lloran los resbalines que te vieron crecer en temeridad y por los que te lanzabas con gozo. Llora la montaña del camino de La Pirámide, destrozada por la construcción de autopistas y a la que decías “pobre montaña”. Llora tu nana, a la que llamabas “mi reina”, “mi Karencita hermosa”, piropero precoz.

Lloran las fuentes de agua, ante las que te quedabas en éxtasis mirando caer el agua, el agua que te asombró más que nada en el mundo, el agua de los ríos, el agua de las llaves de agua de la casa, que abrías sin cesar, el agua del mar, oh, tu locura por el agua, Clemente, toda el agua del mundo llora por ti, y mana en nuestras lágrimas. Lloran por ti Whinnie the Poo y Tigret y Christopher Robbin, y todos sus amigos, porque en sus libros de aventuras te sentías en familia. Tú eras como Whinnie the Poo, tierno, goloso, amical. Llora por ti tu chupete gastado y fiel, que intentamos vanamente botar tantas veces y que ahora te espera sobre la almohada vacía. Lloran por ti las esculturas del Parque de las Esculturas de Pedro de Valdivia, donde fuimos el día antes de tu partida, a correr, a subir al olmo gigante; llora por ti la escultura del ángel sin cabeza que miraste extrañado, llora por ti la librería Ulises, donde estuvimos esa misma tarde y donde hojeaste libros sobre un sillón de cuero. Llora por ti el libro de “Willie, el oso”, que te regaló esa tarde Benjamín, el librero, y que no alcancé a leerte.

Llora la escalera de madera de nuestra casa, que bajaste todas las mañanas de tus días. Llora el espejo del baño hacia el cual te empinabas para mirarte, como si fuera extraño tu propio rostro, oh, hermoso, demasiado hermoso para durar aquí, al otro lado del reflejo. Llora la canción “Cangrejito” del grupo Zapallo, que bailaste tantas veces y querías volver a escuchar, pero que se perdió en algun rincón de nuestro bello desorden.

Llorará la lluvia en invierno cuando no te encuentre debajo del panel de vidrio, mirándola gota a gota. Lloran los caballos del Club de Polo que siempre venías a espiar. Lloran los cuadros de Santos Guerra que cuelgan de nuestras murallas, y el pueblo de cuento y sus personajes a los que saludábamos como si fueran reales, el hombre del paraguas verde, tus amigos al otro lado del sueño. Llora la playa de Wailandia, donde corrimos mojándonos los pies con las olas, qué fiesta, qué gritos, qué risa. Lloran las gaviotas que pasaban por ahí, llora el restaurant Caleuche, donde fuimos a ver la puesta de sol con Angélica y Laura, llora el rayo verde que nunca se hizo ver. Llora el Estadio Santa Rosa de Las Condes, donde apenas empezabas a ir a clases de fútbol, estadio que desaparecerá, como desaparece todo y todos, porque somos un duelo sin fin. Llora el Parque Forestal donde naciste, llora la calle Ismael Valdés Vergara. Lloran los taxis en los que te gustaba que te llevara en las mañanas a tu jardín.

Lloran los tres cojines que tú mismo instalabas obsesivo, hasta que

quedaran perfectos (y tu decías “perfecto”), adonde posabas tu cabecita llena de rulos para tomarte tu mamadera. Todos lloran, también tu piscina amada, que te vio, dichoso, nadar, ¡cómo llora desconsolada! Lloran las cosas que tocaste, los lugares donde anduviste, y lloramos nosotros, ya sin lágrimas.

Entonces, ¿por qué ríes, por qué tu cara pura de niño muerto insiste en reír, mientras todos lloran sin consuelo? ¿Por qué ríes, Clemente, amor mío, dolor nuestro?

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Carta – Claudia Dobler

Con motivo de las fiestas recibimos esta carta de una persona que no perdió hijos, pero que siente muy de cerca todo lo que vivimos en Renacer.

Hola a todos:

No los conozco, pero eso no es necesario para admirarlos. Se de Uds. que son padres que conforman un grupo llamado Renacer (nombre significativo, si los hay, no?) Se también que el denominador común de todos es la pérdida de hijo/s, pero con aristas tan diferentes y particulares como sus hijos mismos.

Esta época del año en particular nos invita a los balances en general y a la introspección voluntaria o no. Nos sensibilizamos fácilmente, nos emocionamos, nos sentimos melancólicos, vulnerables hasta le médula… y está bueno permitirse pasar por todos estos estados, pero tratando de no flaquear, de no decaer ni menos caer. Tal vez algunos están más preparados que otros, porque el tiempo en realidad cura o permite cicatrizar lentamente nuestras heridas más profundas… ¿Superarlo? …No creo que “todo” pueda superarse en la vida, pero sí aprendemos a convivir con ese dolor, y terminamos por fin aceptando la realidad.

Los orientales hablan de -Crisis = oportunidad- (entiéndase como oportunidad de cambio no?). Yo creo que se puede capitalizar el Dolor, sí. ¿Cómo? Así, de esta forma reuniéndose para que las historias se amalgamen, se sepan, se compartan con personas que aunque desconocidas son capaces de entender tal dolor. Así, hablando, escuchando al otro muy de a poco exorcizamos todos nuestros fantasmas, nos sentimos contenidos y comprendidos por el otro y nuestro testimonio servirá también. Este ejercicio de la palabra (dicha y/o escuchada) nos abre el corazón y la cabeza y hace que esas pérdidas cobren un sentido: el del testimonio. De esta manera nuestra vida también cobre un sentido más profundo, un sentido que antes no tenía; y logramos llenar un vacío que era muy profundo y nos sentimos bien, muy bien, nos sentimos útiles y capaces otra vez… de sonreír y de reír, y comenzamos a permitirnos la felicidad… sí, nos sentimos “RENACER” y es genial que eso pase y por eso hablo de aprender a “Capitalizar el Dolor” y por ello va toda mi admiración.

¡FELICES FIESTAS! Sus hijos merecen que conserven los mejores recuerdos de ellos y rescatemos todo lo maravilloso que tenían, eso que los hacía únicos.

Besos.

Claudia DoblerNR: Este aporte llego a fines de diciembre, cuando el boletín de enero ya estaba cerrado, aunque tarde, vale por su contenido.

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Oración indígena

No te acerques a mi tumba sollozando.

No estoy allí. No duermo ahí.

Soy como mil vientos soplando.

Soy como un diamante en la nieve,

brillando.

Soy la luz del sol sobre el grano dorado.

Soy la lluvia gentil del otoño esperado

cuando despiertas en la tranquila mañana,

Soy la bandada de pájaros que trina.

Soy también las estrellas que titilan,

mientras cae la noche en tu ventana

Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando

No estoy allí.

Yo no morí!

Envia Nora Mohito

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Hijo – Elsa Bernales

Cerrando los ojos, encontraba el lugar donde fue feliz, ignorando la rigidez que fríamente encarcelaba su cuerpo, ese joven, hermoso, amado cuerpo que había sido engendrado del suyo.

Aunque, en realidad, no necesitaba cerrar los ojos: le bastaba con abrir un cajón, mirar una foto, tocar una ropa.

Le bastaba con ver a un nene de jardín, de la mano de su abuela, o escolares de guardapolvo blanco, o algún adolescente en vaquero y zapatillas, o un padre con su hijo en los hombros, o una pareja besándose. O mirar el cielo estrellado, o el cielo azul, o escuchar el canto de los pájaros, o sentir el olor del asado en la parrilla.

Le bastaba con rescatar una frase de su conversación. Evocar la sensación de su beso con barba de dos días, el sonido fresco de su risa.

No quería, no debía, no podía pensar en su cuerpo inerte, vencido a traición por la muerte.

Lo sentía en todas partes, en el aire, en la tierra, en la Cruz del Sur, en el río, en la voz de su pequeño hijo, en la calle, entre la gente.

Y, a la vez, le atravesaba la conciencia dolorosa, lacerante, de que faltaba de todas partes, de que ya no estaría en ninguna parte.

Pero él no podía irse así como así. El era, y debía seguir siendo, ese muchacho noble, cálido, sencillo, puro, cuya fe en el destino humano lo impulsaba a la vida, iluminando a quienes le rodeaban.

¿El lugar donde fue feliz? Todos los anteriores al espanto, aunque no siempre haya sido consciente de eso.

Debía seguir vivo en su pensamiento y bien abrigado en su corazón. Era necesario para recorrer los días por venir.

Machado la consolaba también a veces, a su manera:

“Oh, no eres tú mi cantar,

no puedo cantar ni quiero

a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en la mar”.

Mamá

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Recordatoria

DRA. ERICA NATALIA SEJUDO LLANOS

XXXIV ANIVERSARIO DE NACIMIENTO

18 – 01 – 74 / 18 – 01 - 08 Erica, viniste a este mundo un 18 de enero de 1974, Papi y yo debutamos como papás, nos tomaste de la mano, del corazón, para no soltarnos jamás, ese amor irreemplazable nacido el día en que aún estabas en mi seno, nos unirá hasta el fin de nuestros días. Desde enero de 2006 brindamos por tu nacimiento, elevándonos por encima del gran dolor de tu partida, recordamos los felices momentos juntos, tu sonrisa, dulce voz, belleza y gran corazón, por vos transformamos la tristeza en amor y lo volcamos a los seres queridos, tus hermanos, tu hija Paloma y a todos los incondicionales y eternos amigos Le decimos sí a la vida como un acto de total amor y entrega, te dejamos seguir tu viaje, lo que hagamos de nosotros será un ejemplo para los que quedan, una ofrenda a Dios y a tu memoria, seguros que así lo hubieses querido y con la ilusión de volvernos a reunir.Tus padres.

Envía Elisa Llanos

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Soledad y Encuentro

La soledad para algunos puede ser como un amigo que nos deja estar con nosotros. Para otros, algo que se tiene que evitar a toda costa. Hay soledades que confortan y otras que nos anulan con su contundencia, soledades que se sienten en medio de una multitud y soledades causadas por el distanciamiento de amigos que de pronto nos ignoran. Para muchos la pérdida de esa persona que tanto querían y quieren ha sido el causante de su primer contacto con la soledad y cuando esto pasa los efectos son aún mayores, porque sentirlo por primera vez desconcierta tanto que aumenta su impacto. La pérdida de un ser querido nos sume en la soledad, no sólo por la ausencia física, sino por otras condiciones que llevan a ese aislamiento y que nos dejan desamparados no sólo físicamente, sino también emocional y mentalmente. Sentirse solo, significa estar aislado. Y se puede dar simplemente por la ausencia física, ya que se pasa por un auténtico síndrome de abstinencia en donde incluso el cuerpo físico sufre las consecuencias de la falta de esa persona que se ha ido. Nuestros ojos echan de menos verle, nuestros oídos oír su voz, sus pasos, incluso la música que le gustaba y que a nosotros no nos entusiasmaba demasiado, sus programas de TV… Cuando esos sonidos que formaban parte de su presencia dejan de cobrar vida, se convierten en carencias y si además nos sorprenden inesperadamente, nos rompen por dentro de una forma totalmente desequilibrante, las imágenes, los olores, el tacto… ya que todos nuestros sentidos han dejado de tener aquello que sin darnos cuenta era nuestra alimento vital y una de nuestras más primordiales fuentes de energía. Aparte de esto, que ya es en sí poco llevable, tenemos otra causa de soledad que llega a través de la incomprensión. La muerte de nuestro ser querido pone en relieve un sin fin de sentimientos fuertes y desgarradores que jamás habíamos sentido. Sentimientos que no comprendemos y cuando intentamos compartirlos con nuestros amigos y familiares, lo que nos desmonta es la falta de receptividad y comprensión por parte de estas personas tan allegadas, muy parecida a la de los que forman parte de nuestro entorno y que no están pasando por lo mismo. Y si están pasando por lo mismo, pero a su manera y no la nuestra, el aislamiento y el desconcierto puede ser mayor. Esto nos separa y nos aparta, nos aísla. Nos aísla de las circunstancias en las que hemos sido precipitados, como si nos rodeara una burbuja protectora pero distanciadora, creando aún más soledad, que finalmente nos aísla de todas aquellas personas que antes nos entendían pero que de pronto no nos están sintiendo. No porque no quieren sino porque no pueden llegar hasta donde nosotros queremos. Esta es la auténtica soledad. Si además esa persona que ya no está es la que más nos comprendía, entonces la soledad es total. Ese padre que se sentía cómplice, la madre que acompañaba, el abuelo que conspiraba, el hijo que era aceptado incondicionalmente… Esa complicidad, esa compañía, esa aceptación, esa conspiración… auténticas comunicaciones que de pronto desaparecen, en un mundo dónde cada vez más la verdadera comunicación es el lujo máximo. Y ese aislamiento se refuerza gradualmente y nos aparta de toda posible conexión, porque nos falta lo más importante y nos fallan las personas que tendrían que comprender esto. La muerte de un ser querido con el largo y desgarrador proceso de duelo nos sume en un lento camino de superación. ¿Cuántas veces vamos a tener que superar? ¿Cuántas cosas? ¿Cuántas situaciones? Muchas y todas son duras, los miedos, las culpabilidades, el desespero, la rabia… pero la soledad posiblemente pueda ser la prueba máxima, porque si las otras se van suavizando con el tiempo, la soledad es capaz de ganar terreno hasta anularlo todo. Incluso, con el tiempo, nos puede meter en esos espejismos que en vez de aliviar destacan aún más el aislamiento, como intentar sustituir la ausencia física con una invasión de fotos, que en vez de ser consuelo acentúan que esa persona no es sustituible. Tenemos que ser lo suficientemente dueños de nuestro duelo, para no dejarnos anular por la soledad, tenemos que vivirla pero no ser anulados por ella, y para que esto no pase, la única manera que tenemos es de reencontrar todo lo que esa persona significaba, porque está presente en nuestro interior, donde realmente importa, en nuestro corazón que podrá sentirlo cada vez más, si prescindimos de lo físico. La superación de la soledad no es nada más que el triunfo del amor. Cuando el amor triunfa da vía libre al encuentro. Ese encuentro tan importante con la esencia del ser que aún está con nosotros y como consecuencia, el encuentro con nosotros mismos, con nuestra propia capacidad para volar por encima de las dificultades, la incomprensión y el distanciamiento y aparente abandono de amigos y parientes, que no pueden con nuestro dolor, porque posiblemente aumente el suyo, y por eso se alejan. Ya no vamos a necesitar que nos comprendan porque somos capaces de comprender más allá de expresiones exteriores. En algún momento del duelo dejamos de ser simple materia para convertirnos en amor. En algún momento del duelo empezamos a ser mucho más que lo evidente y empezamos a conectarnos desde nuestro corazón, que se ha vuelto más sabio, que conoce el sufrimiento de la soledad y que ha podido con ello. Hemos superado y lo hemos hecho solos, pero con la ayuda de compañeros que se encuentran en nuestro camino. La compañía y la comprensión que nos aporta el grupo de apoyo, es un refugio y un atisbo de lo que será, cuando hayamos recuperado todo lo que somos en esencia. No necesitamos recetas, ni ejemplos, ni consejos, pero si un grado de valentía importante ya que para salir de la soledad vamos a tener que ser valientes y enfrentarnos con ella. Mirarla a la cara y decirla que no tenemos miedo, ya que nos ha pasado lo peor y hemos sobrevivido. Ahora toca conectar con el amor que llevamos dentro y que es capaz de lanzarnos hasta donde haga falta, para seguir viviendo el encuentro con todo lo que nos rodea, de la mejor forma para nosotros y para nuestros seres queridos. Tenemos que reencontrarnos con nuestra vida. No la de antes, esa ya forma parte de un tesoro interno, que nadie nos puede arrebatar. Tenemos que reencontrarnos con nuestro presente y descubrirnos a través de esa nueva realidad. La muerte de ese ser tan querido nos deja algo muy claro y es lo importante que es vivir el presente. ¿Cuántos asuntos pendientes quedaron? ¿Cuántas cosas que no llegamos a expresar? ¿Cuántas veces que podíamos haber perdonado? Tenemos que aplicar esto a nuestra vida ahora, porque sabemos que las cosas que no se viven dejan huecos irrellenables, en los espacios entre nuestros seres queridos y nosotros. Espacios que aún se potencian más a través de la indiferencia, defensa ante el dolor que nos ha causado el aislamiento de la soledad. La indiferencia no es nada más que sembrar aún más soledad. No lo hagamos, no seamos causantes de más de eso que ya nos ha causado tanto sufrimiento. Dejemos que las lecciones se puedan aprender y apliquemos las conclusiones, como si de esto pudiéramos sacar una nueva fuente de alivio y consuelo. Pero más importante aún, su pérdida nos destaca la importancia que significó en nuestras vidas quererlo y la capacidad que tenemos ahora de vivir ese amor no encerrándolo entre las cuatro paredes de nuestra soledad sino en un reencuentro con todo lo que nos rodea, porque su paso por nuestra vida agrandó las fronteras de nuestra propia vitalidad. Tenemos siempre la solución a nuestra soledad no querida. En nuestras manos están las herramientas que agrandarán el espacio de nuestro corazón para que quepa aquello que nos inspirará a compartirnos, tenemos la capacidad y más importante aún, somos el amor que hace falta para ser ese puente entre nuestra soledad y nuestro encuentro con el mundo, con los demás, con nuestros seres queridos y con esa persona que sigue estando aquí aunque físicamente se haya ido. anji carmelo

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Estas en mí. – María Lobos

Estas en mi, quiero estar en vos, y un día mirarnos cara a cara.Ruego por el encuentro definitivo que dure toda la eternidad, pero además quiero dejarte SER, libre, como lo eras y supongo que lo sos ahora. Pero como soy tu mamá, quisiera verte de cerca siempre y no perderte de vista como cuando estabas con nosotros, sabes como soy, no puedo con mi genio, viste?No cambie en eso, pero desde que te fuiste tengo muletas en el alma, no es tu culpa mi amor, se que jamás hubieras querido causarme tanto dolor. Ahora todo paisaje esta incompleto para mi, por ejemplo el mar ya no es tan imponente como antes, ya no hay misterio ni belleza en la naturaleza que supere esta soledad.Pero te prometo que voy a resistir por todos los demás, por nuestra familia Ger, te amo desde antes de haberte conocido hijo querido.Hasta el encuentro definitivo!!


PD: Auque perdiera la memoria, igual te recordaría… y te voy a seguir escribiendo.

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Para visitar

Desde Perú, nos escribe Adolfo Villanueva Michelucci invitándonos a conocer la página que hizo para su hijita Alessandra. http://www.alessandracarolina.com/

www.silviaappel.com página de la autora del libro “Vivir sin Diana”

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Sobre el destino – Alicia y Gustavo Berti

“Después de cada una de las pruebas decisivas de mi vida, he sentido una especie de torpor, un entumecimiento de la mente muy agradable que me da una curiosa sensación de ligereza, de felicidad. ¿Qué clase de felicidad? No sabría decirlo .Es una alegría sin par. Pienso que ha ocurrido lo que debía ocurrir y que todo ha pasado ya.En nuestra página Renacer en Internet.


Hasta la próxima!!

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